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Al volver a la vida (1948) 10/10/2012
Una crítica de Father Caprio


I walk alone (Al volver a la vida) es una buena película de cine negro. Es cierto que la cosecha del 48 no está tan considerada como la de otros años, especialmente los primeros de la década, e incluso hay quien habla de "noir tardío" concepto con el que no comulgo demasiado habida cuenta de noirs posteriores de la talla de El abrazo de la muerte, Los sobornados o La jungla del asfalto. Sin embargo doctores tiene la iglesia y aquí no he venido a discutir calendario alguno, sino a recomendarles un excelente film de uno de esos directores semi desconocidos para muchos pero que nos legaron obras de notable interés. Pongamos que hablo de Byron Haskin.




Haskin era ante todo un hombre de cine. Su carrera se cimentó no solo en la dirección sino también en la fotografía y en los efectos especiales, colaborando con grandes directores como Huston, Curtiz o el propio Capra (Arsénico por compasión). Tras casi dos décadas sin ponerse al frente de un proyecto cinematográfico vuelve con esta I walk alone donde muestra el conjunto de sus virtudes, muy especialmente el buen tratamiento fotográfico dado a las luces y a las sombras, característica imprescindible de cualquier film noir que se precie.

A la película se le han achacado imperfecciones y considero que las tiene. Algunos detalles muy peliculeros (un asesinato que en pocos minutos está en la primera plana de todos los periódicos, voceándose por las calles y desbancando cualquier otra noticia de interés general que seguro haberla había) o incluso una natural inexperiencia en actores que luego la derrocharían a manos llenas (Burt Lancaster). Ello, por no hablar de las comparaciones odiosas de Lauren Bacall con Lizabeth Scott a quien se adjetiva como lacia y cuya voz demasiado profunda parece disgustar a quienes la escuchan en VO. Todo ello parece cierto, aunque también pueden encontrarse argumentos en contra de tales opiniones, o séase que al final uno acaba asentando su propio criterio y ese es el que trato siempre de dejar en este blog, el mío, tal vez equivocado pero sincero y personal.

Estamos, o al menos yo así lo considero, ante un film noir más que correcto, donde bajo un planteamiento ciertamente convencional como es el de la traición y deslealtad entre presuntos amigos (similar al enfrentamiento entre Cagney y Bogart, en Ángeles con caras sucias) se vislumbra una idea ciertamente original como es la evolución de aquellos turbios negocios de contrabando de alcohol y cerveza propios de los 30 a los prósperos garitos, casinos y salas nocturnas de finales de los 40, donde el truco no estaba tanto en el alcohol que se dispensaba ni siquiera en el propio juego sinó en las complejas tramas contables, económicas y financieras, que permitían la evasión de impuestos amén de corruptelas y otras guindas. No hace falta que vuelvan a mirar la fecha, se trata de 1948 aunque nos parezca el 2012.

Recién salido de presidio, donde ha pasado los últimos 14 años, Frankie Madison (Lancaster) encuentra a su amigo y socio de otros tiempos con la intención de cobrarse su 50% de los beneficios históricos y presentes. Noll “Dink” Turner (Kirk Douglas) regenta en la actualidad un exitoso club nocturno y a lo único que accede es a reembolsar a Frankie la mitad de lo conseguido en su día por la venta del negocio primigenio, al tiempo que se vale de su amiguita Kay Lawrence (Lizabeth Scott) para tratar de sonsacarle sus verdaderas intenciones.

No les cuento más para no estropearles la fiesta si acaso se deciden a ver el film, pero quiero decirles que aunque Burt Lancaster no era el que luego fue, su interpretación es meritoria (y no debemos olvidar que su primer papel pocos años antes en Forajidos de Siodmak era toda una premonición de buen hacer), que Lizabeth Scott resulta bastante natural e incluso entrañable y no es necesario entrar en comparaciones con la Bacall, que Kirk Douglas está perfecto como mafioso ruín y despiadado, y que si son aficionados a esto, se encontrarán con un Wendell Corey en el papel de Dave, contable a sueldo y hermano del mismo Frankie, y que consigue elevar enteros la nota de la película.

Y como curiosidad, la presencia de aquel hispanizado San Valentín, George Rigaud, que triunfó en nuestras carteleras en 1959 (El día de los enamorados).

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