Bienvenido Míster Marshall (1953)
29/07/2016
Director

Luis García Berlanga
Año: 1953
Guión:
Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Miguel Mihura
Música:
Jesús García Leoz
Fotografía:
Manuel Berenguer
Título original: Bienvenido Míster Marshall
Intérpretes:
Director

Luis García Berlanga

Luis García Berlanga
Año: 1953 Guión: Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Miguel Mihura Música: Jesús García Leoz Fotografía: Manuel Berenguer Título original: Bienvenido Míster Marshall
Intérpretes:
La inteligencia y el ingenio comulgan y se abrazan en esta obra, configurándose no solo como elementos de propuesta narrativa, sino que se son mecanismos previos de demolición y, finalmente, victoria contra la estupidez y la sinrazón de la censura.
Desde el humor, desde la sátira y desde el esperpento sus creadores hilvanan con maestría un micromundo representativo de todo un país. Con un grado de acierto sin par, nos asoman a las entrañas de una sociedad triste y desvaída, pero vestida de verbena. Nos radiografían con la ironía más lúcida, las penurias, frustraciones y opacidades de un esqueleto social ansioso de un maná que nunca llega.
Penetran y describen mediante personajes vestidos de bufones, exacerbados e hilarantes las insolvencias vitales, básicas, libertarias y de desahogo de todo un pueblo envuelto en panderetas, vestidos de faralaes e hipocresía, cuyos ojos miran a otros lugares. La coralidad impostada en su apariencia de comedia jocosa, se transforma en mascarada negra festiva, en sainete lúgubre de una sociedad enojada y enferma, pero profundamente adocenada y acomodaticia.
El retrato del "amigo americano" igualmente se dibuja preciso, como un enorme monstruo farisaico, mojigato e impostor, cuyas aportaciones exteriores han estado teñidas de mentira, falacia, desvergüenza y falta de principios.
En ella se dan cita algunos de los más grandes talentos de nuestro cine, desde los guionistas, director y elenco de actores capaces de dibujarnos un lienzo colorido y grisáceo al mismo tiempo, alborozado y apagado, ridículo y humano, siempre veraz en su aparente disparate, conformando una pieza angular de nuestro cine que afortunadamente los castradores de la época no supieron ver las perspicaz crítica de la que estaba preñada.



