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Cuánto daño ha hecho el cine 08/10/2017
Un artículo de El Despotricador Cinéfilo


Referencias externas cineastas:

José Luis Garci
Referencias externas películas:
Cantando bajo la lluvia

Soy afortunado, cinéfilamente hablando, porque desde hace más de un año tengo en mi voluminoso grupo de amigos madrileños un par de amigos muy cinéfilos, mis queridos Jesús y Luis, con los que he disfrutado, gozado, compartido y entusiasmado con inolvidables, fantásticas, espléndidas y muy eruditas tertulias, conversaciones y discusiones cinéfilas que me han proporcionado auténticos momentos de puro goce, diversión, exaltación y felicidad al compartir esta pasión por el séptimo arte que corre por nuestras venas. Y en las últimas semanas me hace especialmente mucha gracia como nuestras siempre interesantes conversaciones del sábado noche, fruto también del abundante alcohol injerido, han derivado en un tema en el que todos estamos de acuerdo: cuánto daño nos ha hecho el cine en la vida real que vivimos en el día a día.

Yo siempre he dicho, y estoy absolutamente convencido de ello, en que más allá de la educación e ideales que me han inculcado a lo largo de mi vida ya sea mi maravillosa familia, mis profesores en los primeros años de docencia en mi vida o mis amigos más cercano, yo he sido educado totalmente por el cine. Son más, según mis más recientes cálculos, de 6.500 películas que he visto en mi vida, la amplia mayoría de ella durante mi infancia y adolescencia, y para bien o para mal mi educación sentimental, emocional o incluso sexual me la ha aportado el cine a lo largo de todos estos años. Se podría decir que he crecido, madurado y vivido según los cánones que me ha enseñado el cine en todos los aspectos de la vida.

Por una parte estoy muy agradecido a ello, porque estoy convencido que mis ideales, integridad, honestidad, profesionalidad, generosidad, sinceridad e intentar ser la mejor persona del mundo con todo el mundo es, en su mayor medida, porque el cine siempre me lo ha enseñado así (sobre todo las películas más inocentemente ingenuas de los años 30, 40 y 50) y porque desde niño me ha convencido que ese es el camino correcto. Son muchas los films que me han educado así y estoy orgulloso de la clase de persona que soy actualmente y en mis relaciones con mis amigos y con la gente que aprecio y quiero. Y puedo decir que, a día de hoy, me enorgullezco de haber llevado una vida, sobre todo en los últimos 3 años, que aporta y ayuda mucho positivamente a la gente de mi entorno. Y yo que me alegro, porque en cierta manera es tanto lo que el cine me ha dado que me siento en deuda, ya sea sentimental o emocionalmente, por intentar hacer feliz a todas las personas que forman parte de mi vida diaria.

Todo el mundo que me conoce sabe que soy una persona muy extrovertida, alegre, divertida, dicharachera, irónica, mordaz, feliz, ingeniosa, sociable, ocurrente y sobre todo muy sensible y romántica, pero ninguno de todos esos adjetivos formarían parte de mi vida si no fuera porque el cine desde niño me inculcó esa forma de ser y formó mi personalidad para que fuese así. Nunca podré estar lo suficientemente agradecido a esa inmensa Obra Maestra que es “Cantando bajo la lluvia” que, aparte de vérmela docenas de veces, me contagió en mi infancia y sobre todo en mi adolescencia las ganas de vivir, las ganas de disfrutar, las ganas de ser feliz y sobre todo las ganas de intentar contagiar esa inmensa felicidad, bienestar y alegría que me produce cada fotograma de esta película a todos los demás. Para mí es la película más terapeútica del mundo y el mayor antidepresivo que existe en el mundo. Por supuesto que hay docenas de otras películas que han formado mi personalidad y mi aptitud ante la vida pero “Cantando bajo la lluvia” está tan incrustada en mi ADN que sin ella dudo mucho que fuese la clase de persona que soy hoy en día.

Pero, dado que este artículo se llama “Cuánto daño ha hecho el cine”, no quisiera evitar el tema que realmente quiero tratar y es cómo el cine ha desvirtuado el mundo real en el que vivimos a diario. Por supuesto ha desvirtuado todos los aspectos de nuestra vida diaria pero por concretar un poco me centraré solo el tema romántico, emocional y sentimental. Dado que ya soy cuarentón he pasado por muchas novias y relaciones a lo largo de mi vida pero concretamente desde que vivo en Madrid hace ya más de 3 años he tenido un total de 5 novias distintas lo cual me parece una cifra alarmante para alguien de una mentalidad tan provinciana como la mía que siempre pensó que una novia era para toda la vida. Y sí, echo la culpa al cine, a cómo a mí (y a mis amigos cinéfilos, sobre todo a Jesús y Luis) nos ha educado de forma engañosa, nos ha estafado, nos ha embaucado, nos ha timado y nos ha hecho creer a través de cientos de películas románticas que el amor y los sentimientos es lo que se ve en dichas películas cuando la realidad es todo lo contrario. Por supuesto que no soy un ingenuo y sé muy bien diferenciar la realidad de la ficción, pero me irrita considerablemente que concretamente en este aspecto la realidad sea tan brutalmente diferente a la ficción, porque en otros muchos aspectos la educación cinéfila que he recibido sí que ha encajado, en mayor o menos medida, con la realidad del día a día. Como dice mi amigo Jesús, con mucha cordura y sentido común, a nadie le gusta vivir en la realidad pero es lo único que tenemos y nos da sustancia para ser personas enteras y definidas, y no fango maleable al servicio de las consignas e ideas preconcebidas y maniqueas que nos llega a través de diversas formas de propaganda. Y, aunque adoremos el cine, no hay que olvidar que es la mayor herramienta de manipulación de conciencias de todo el siglo XX y XXI y el causante de que ha definido nuestro lenguaje, nuestro comportamiento y nuestra mentalidad, y esto asusta y es digno de reflexionar sobre ello.

De todos modos no quiero en este capítulo dejarme llevar por este tono pesimista y melodramático (matizo que estoy escribiendo esto de madrugada con algunas copas encima y eso, quiera o no, acaba influyendo en lo que escribo) y por tanto quisiera remarcar que, a pesar de todo lo escrito anteriormente, existe un elemento que me reconforta cuando la apabullante, agobiante y estresante realidad se impone brutalmente ante nuestras narices y te machaca deprimiéndote una vez más, y es que siempre puedo ir corriendo a buscar el DVD de “Cantando bajo la lluvia” o tantas otras Obras Maestras que harán aplacar esa depresión, esa tristeza, esa melancolía y esa desazón y volver a recobrar la ilusión por vivir, por entusiasmarse, por alegrarse, por animarme y por disfrutar cada segundo de la vida y volver a ser feliz con este séptimo arte que para mí siempre ha sido el primero. Siempre escuché al gran José Luis Garci decir que hay películas que te salvan la vida pero yo además añadiría que hay películas en nuestra vida que, no solo te salvan la vida, sino que hacen que la vida tenga sentido y nos hacen mantener la ilusión de que puede haber un mundo algún día en que todas las relaciones y situaciones sean como en las películas, ¿es eso ser un ingenuo y un iluso inocente? Por supuesto que sí, pero acaso ¿quién no necesita en determinados momentos de su vida sentirse así aunque sea con algo tan industrial, mundano, manipulador y artificial como el cine? Yo sí, y no me avergüenzo de ello, es más, me enorgullezco de tener la suficiente sensibilidad y amor en mi interior para, a través de las películas, poder experimentar todo aquello que la puñetera vida real no me proporciona.

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