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El explorador perdido (1939) 30/03/2013
Una crítica de Father Caprio
Director

Henry King

Año: 1939   Guión: Hal Long, Sam Hellman, Philip Dunne   Música: David Raksin   Fotografía: George Barnes   Título original: Stanley and Livingstone
Intérpretes:

Referencias externas películas: Las nieves del Kilimanjaro, Los miserables


Oir Stanley y Livingstone y a algunos - serán las canas- se nos dispara automáticamente el "¿Doctor Livingstone, supongo?", una especie de frase hecha que parece investirnos, y hablo exclusivamente por mi, de un aire de superioridad cultural que en el fondo oculta un desconocimiento supino de estos dos personajes históricos. Con esta película de Henry King y un poco de información adicional encontrada en esta misericordiosa Red que enseña al que no sabe, he conseguido reparar, siquiera en parte, mis profundas carencias en la materia. Y es que Stanley y Livingstone fueron mucho más que una frase.




David Livingstone fue médico, explorador y misionero. También botánico y geógrafo. Pero, por encima de todo un hombre ávido de saber y amante del mundo. Un ser humano al que Africa robó el corazón hasta el punto de que su cuerpo descansa en la Abadía de Westminster pero cuyo corazón está enterrado bajo un árbol africano. Por su parte Henry Stanley era un reputado periodista de un rotativo neoyorkino (New York Herald) de lo que hoy llamaríamos periodismo de investigación y que se caracteriza por no esperar la noticia sino ir a buscarla allí donde se encuentre. Y la noticia era el paradero de un explorador mundialmente conocido al que un periodico londinense había dado por muerto. Un reto suficientemente atractivo para un ambicioso Stanley.

Sobre esta historia real, se construye una buena historia adaptada. Una película que exalta la figura de dos hombres a los que Africa hizo distintos. Sin embargo por lo que hace a Stanley, personaje interpretado por Spencer Tracy, el film corre un tupido velo sobre sus tropelías con los nativos en un postrero viaje al continente negro para, presuntamente, continuar la labor de Livingstone. Ya sabemos que en muchas ocasiones los intereses comerciales y un cierto paternalismo respecto a qué debía ofrecerse a los espectadores, ocultaban aspectos importantes y significativos de la realidad. En cualquier caso la pelicula demuestra coherencia en toda su integridad y su ocultación de esta verdad no resulta significativa en ningún modo ni desmerece un gran trabajo de Henry King.

Y es que a King parecía atraerle no solo el desconocido continente africano sino que otorgaba a éste poderes regeneradores y con capacidades casi catárticas sobre los seres humanos. Ahí queda también su versión de la obra de Hemingway Las nieves del Kilimanjaro. El cambio que experimenta Stanley es comparado por Eve Kingsley (Nancy Kelly), su frustrado amor, con el experimentado por el propio Doc Livingstone, e incluso por el propio padre de Eve, avejentado en extremo por una tierra dura donde las haya, donde la malaria, la disentería, el canibalismo, el tráfico de esclavos y las propias fieras, ponen a prueba dia a dia el temple del que estan forjados quienes se atreven a adentrarse en ella.

En esta transformación espiritual del hombre está, pues, uno de los grandes activos del film. Pero hay otros. La grabación de exteriores en las propias tierras donde se desarrollaron los hechos, con sus escenas de safaris e incluso de luchas es otro elemento a considerar. Por descontado los actores, con Spencer Tracy en su línea de actor con buenos fundamentos, Walter Brennan como guia del salvaje oeste desubicado en una ignota Africa y poniendo unas notas de humor tan excelentes como su propia categoría como profesional y Charles Coburn como editor del periódico de la competencia poco interesado en el éxito de la empresa del New York Herald. Por encima de ellos, lo cual es decir mucho, Sir Cedric Hardwicke en su papel de Livingstone, un actor al que ya celebré hace poco por su papel de obispo en Los miserables de Boleslawski.

Todo es mejorable, pero les aseguro que estamos ante un film que no deja impasible a nadie, con planos fotográficos soberbios (mención especial para la despedida de Stanley y Livingstone en la vuelta de este al mundo civilizado), con diálogos notables (el discurso de Stanley ante el Colegio de Geógrafos) y en general un desarrollo sin apenas fisuras de un film que mezcla aventura, amor y sobre todo el poder y la fuerza de dos voluntades inquebrantables.

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Ha recibido 10 votos y está valorada con un 6,90.

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