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El león en Invierno (1968) 25/03/2010
Una crítica de Aurea García Fernández

Año: 1968   Guión: James Goldman   Música: John Barry   Fotografía: Douglas Slocombe   Título original: The lion ih winter
Intérpretes:


A veces los grandes del cine te dan disgustos y otras nombres menos encumbrados te dan muy gratas sorpresas. Ocurrió que días antes fui al teatro para ver la obra de un contemporáneo inglés muy alabado al que presentaban como el sucesor de Shakespeare (menuda hipérbole) y sinceramente toda aquella palabrería hiperculta y vana me aburrió tanto que a la salida con evidente injusticia (pues quién soy yo para ponerme estupenda) solté a mis amigos la siguiente exageración:"Lo mejor de esta función es el cartel".

El león en Invierno


Y sí, es cierto, esa gran cabeza en grises de Karl Marx con la provocadora boca-lengua en rojo de los Rollings está pero que muy bien y prometía mucho sólo que...enfín, no sé si por reacción el caso es que el guión de James Goldman (autor del drama en que se basa la película) me subyugó desde el primer momento y me tuvo absorta por completo los 135 minutos que dura la peli, de modo que poco podré despotricar con perdón. Yo, la verdad, disfruto mucho con el arte de la interpretación y aquí los actores no tienen desperdicio, ninguno de ellos que para eso son ingleses en su mayoría, si bien la pareja protagonista brilla a gran altura.

Katherine Hepburn es la actriz ideal para encarnar a la increíble reina Leonor de Aquitania recluida desde hace 10 años por orden de su marido en la torre del castillo de Salisbury y Peter O´Toole es igualmente divino para interpretar al rey de Inglaterra y demás territorios de su imperio, su marido, hombre experimentado, en la cincuentena, inteligente, astuto, apasionado, con un gran sentido de lo lúdico que a veces roza lo irracional aunque como todo ser humano con sus puntos débiles y es por ahí por donde atacan los otros personajes especialmente la reina.

Quiero destacar porque se lo merece el extraordinario trabajo de doblaje ya que el guión no es precisamente fácil y ayuda al espectador con su perfecta dicción a no perder ripio de todo ese texto magnífico y enrevesado que da oportunidad a los actores de ofrecernos todo un recital de registros interpretativos a veces incluso dentro de una misma secuencia, cosa no sencilla de tal modo que consigue sumergirnos en ese auténtico laberinto de pasiones, recuerdos, traiciones, amores falsos y verdaderos y a veces las dos cosas a la vez, rizando el rizo, odios, filias y fobias, relaciones homo, hetero y más allá, ambiciones desenfrenadas, etc, etc, etc que nos deja sin respiración, pendientes sin poderlo evitar de esa complicadísima partida de ajedrez a la que no se ve ganador y que nos sor prende continuamente con los dramáticos movimientos de las piezas del juego sin dejar de lado ¡qué maravilla! el sentido del humor.

Pese a que se trata de un drama histórico con personajes históricos lo narrado en la película es ficción. Todo sucede en las Navidades de 1183 en el castillo de Chinón en Francia en el que Enrique II vive con su joven amante Alais con la que quiere casarse y también quiere que se nombre heredero de su imperio a su hijo Juan. Con tales pretensiones manda llamar a su aún esposa Leonor y a tres de sus hijos así como al hermanastro de Alais el joven y astuto rey de Francia Felipe el Conquistador. El director creo que acierta al ponerse en un segundo plano pero llevando con mano maestra la secuenciación de esa batalla verbal que es la película sin disimular para nada su origen teatral pero consiguiendo que sea plenamente cine con esos largos travellings y esos primeros y medios planos tan bien compuestos que nos acercan a los personajes y a sus intensos dramas y ambiciones.

La película empieza mostrándonos la ficha técnica sobre unos inquietantes capiteles románicos que nos ponen en situación. Luego la presentación de los personajes nos va ilustrando con imágenes en acción sobre quienes son y de que pie cojean (el estudio de los caracteres se lo dejo al cocreador de esta página y colaborador Fran Rodríguez Criado que es experto en el tema y se le da muy bien) Primero el rey enseñando a batirse a su insignificante y predilecto hijo Juan no por ello menos ambicioso (Juan sin Tierra) después su Dama, la joven y bella princesa Alais (Adela de Francia) sentada sobre la hierba rodeada de frescas y apetitosas frutas y bebidas a continuación vemos vencedor en un torneo al valiente y colérico Ricardo (Ricardo Corazón de León, el de las Cruzadas, el de Robin Hood y demás leyendas) predilecto de su madre Leonor y criado por ella.

También vemos la actuación del taimado Geoffrey en una emboscada en la que él nada expone pero sí controla; sus padres no le aman. La majestuosa llegada de la reina en barco pone al espectador sobre aviso: prepárense que aquí viene ELLA. Finalmente el último invitado con su cortejo, Felipe, rey de Francia. Ea, ya están todos, más o menos definidos: empieza el combate o sea la función que va a ser larga, movidita, y teatral desde luego pero muy bien servida por el ojo de Harvey y la estupenda fotografía así como la puesta en escena en escenarios naturales. Cada uno de los personajes da para varias películas; todos juntos en sólo una da una concentración de caracteres y situaciones de alto voltaje no apta para pusilánimes porque, cielo santo, mira que son requetemalos todos ellos aunque también todo hay que decirlo en algún momento muestren su humanidad.

Pensar que Leonor de Aquitania (en la peli rondará los 60 añitos) en la vida real con casi 80 viaja a Castilla (nada de Rayne Air, no, ni de AVE) para buscar entre sus nietas (mejor no entremos en las alianzas matrimoniales con fines estratégicos y políticos de la época !benditos griegos y su invento más increíble: la democracia aún con sus defectos) a la que sería una de las reinas de Francia más célebres por su virtud y habilidad política, Blanca de Castilla, madre de San Luís !me nudo ojo la abuela en vísperas casi del final de su vida!. Una pequeña muestra de lo que llegó a ser y significar en su época esta extraordinaria mujer real y verdadera pero generadora de mil leyendas por su cultura, belleza, sensualidad, inteligencia, valor, poder político y ambición.

Ya digo para mil películas. A destacar la música de John Barry que firma una partitura evocadoramente medieval con sus momentos dramáticos, solemnes, religiosos muy bien encajados en las diversas situaciones que se nos van presentando. Me suena que le dieron un Oscar.

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