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Las manos de Orlac (1924) 21/11/2008
Una crítica de Diego Vinagre Nevado

Año: 1924   Guión: Louis Nerz   Fotografía: Hans Androschin   Título original: The hands of Orlac
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

Christopher Lee

Edmond Greville

Karl Freund

Mel Ferrer

Michael Caine

Oliver Stone

Peter Lorre

Referencias externas películas: La mano, El diablo metió la mano, El gabinete del doctor Caligari


Robert Wiene trasladó al mundo del cine, una novela de Maurice Renard que narra como un famoso pianista, pierde sus manos en un accidente ferroviario y un cirujano le transplanta las manos de un célebre criminal, que había sido guillotinado. No existe rechazo alguno en el transplante y las nuevas manos van adquiriendo destreza, pero en ellas vive el instinto de su anterior dueño y el pianista se ve impulsado a cometer una serie de actos criminales, llegando a una posibilidad alucinante, pueden injertarse órganos de unos seres humanos a otros unidos a los instintos y deseos del primer poseedor que se transfiere con el propio transplante.




Nos encontramos en 1924, en pleno auge del expresionismo alemán, donde van a proliferar películas asociadas tanto con el tema del terror como de la ciencia-ficción, relacionado sobre todo con la búsqueda de lo fantástico y sobrenatural, dentro de la realidad palpable y cotidiana de todos los días.

En esta película se contempla los dos supuestos anteriormente citados aunque con mayor profusión del segundo, si tenemos en cuenta que la magia ha sido utilizada como ciencia, al implantar unas manos en un momento temporal en el que no se había llegado todavía en el plano científico a lograrlo (el primer transplante real fue a mitad de la década de los sesenta) con lo que nos damos cuenta que dentro de este mundo del cine encontramos una anticipación al futuro.

Por otra parte (como hemos adelantado al principio) el tema central de la película nos adentra a este terreno, no sólo se transplanta el órgano sino también la personalidad de su anterior poseedor, (en este caso al ser un asesino, encontramos implícito la presencia de instintos criminales) con lo que otra vez el terreno de lo sobrenatural encuentra un marco adecuado para mostrarse en toda su magnitud.

La temática de la película tuvo una gran aceptación, como podemos comprobar al ver que el asunto de los implantes y especialmente de la mano, ha sido objeto de varias versiones, no sólo rémakes de ésta misma película, como la versión de 1935 de Karl Frend con Peter Lorre como protagonista y la de 1960 de Edmond Greville con Mel Ferrer y Christopher Lee, sino en otras con un argumento diferente, como "La Mano" de Oliver Stone, (1981) donde Michael Caine interpreta a un dibujante de comics que pierde la mano y también la cordura ( en este caso no es una locura inducida) porque encontramos la ambigüedad que el protagonista está loco y la mano existe verdaderamente y más recientemente "El diablo metió la mano" (1999) de Rodman Flender, una infumable comedia juvenil de terror repleta de excentricidades, en la que el protagonista no puede controlar, en este caso su mano derecha, que va a su aire resuelta a ejecutar y destruir con o sin permiso.

La película no ha tenido una valoración muy destacada ni una crítica muy favorable, sobre todo por la tendencia a compararla con la obra maestra de su director "El gabinete del doctor Caligari" un film emblemático del expresionismo alemán, donde también se confunde la realidad con la ficción y donde Wiene reflexiona sobre la enajenación mental que produce la obsesión por el poder, una inquietante premonición de lo que a posteriori ocurriría en Alemania.

En este caso el autor va a reflexionar sirviéndose de la locura de la situación que en estos momentos sucede en su país, presentándola en forma de realidad entroncada dentro del injerto, adentrándola en la locura, que se nos presenta en forma de explicación irracional. Lo realizado va en contra de la naturaleza humana, que se revela contra el propio hecho, dando lugar a contraindicaciones, no sólo de carácter físico, sino mental, al poseer unas manos manchadas de sangre, que le induce a que desesperadamente pida a su médico que se las vuelva a quitar . No le han transplantado sólo las manos, también la mente perversa de un criminal. Nada puede chocar más en la realidad que el cambio de una mente clara, sensible, apasionada de un artista, por la fría, calculadora, irracional, despiadada de un criminal. Contemplamos a partir de ahora, los intentos de apartarse de su realidad, que se le hace insoportable. Un modo magistral de introducirnos en el individualismo alemán, algo innato en su carácter trasmitido de generaciones en generaciones, que rechaza cualquier tipo de ayuda exterior para salir de una crisis, en este caso la situación que padece Alemania tras la derrota en la I Guerra Mundial.

La película alcanza su máxima expansión de horror expresionista (exageración de gestos, una constante del expresionismo) que dará paso a un terror paranoico; el mismo reconoce que sus manos no van a volver a hacer nada y que están encaminadas hacia el crimen, y le conduce a un deseo de realizar la acción (asesinar al padre) la persona que ha encaminado a Alemania a la catástrofe.

Los aspectos negativos de la película, sería la forma poco coherente y brusca de introducirnos en la trama central a través de un accidente de tren, y el volvernos a la realidad en forma de lógico descubrimiento policiaco de un personaje totalmente humano y de incidentes productos de una trama contra la salud del protagonista, donde todo el mundo fantástico e irreal, se convierte en un vulgar chantaje emocional para conseguir el dinero de la herencia del padre, escapando del mundo de la imaginación y de la fantasía y devolviéndonos al mundo de la racionalidad en forma de dinero; una herencia desencadenante y conexión de todos los males.

La película desde mi punto de vista merece una profunda revisión y una aceptación por parte de publico y crítica mas benigna de la que en la actualidad tiene.

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