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Sobre lo infinito (2019) 16/02/2020
Una crítica de Aurea García Fernández

Año: 2019   Guión: Roy Andersson   Fotografía: Gergely Pálos   Título original: Om det oändliga
Intérpretes:


Siempre es estimulante para una vieja cinéfila descubrir un nuevo director como el sueco Roy Andersson con una corta filmografía pero personalísima que la hace inconfundible por más que yo sólo haya tenido ocasión de ver esta última pero leo que es un director premiado en festivales como Berlín, Cannes, Venecia, etc.




En este peculiar autor nacido en 1947, o sea que no es ningún jovencito, la belleza y la crueldad van de la mano presentadas en pequeños "tableaux vivants" marcados por el quietismo, el detallismo y la palidez de los rostros blanquecinos de los actores cual máscaras teatrales que junto a la paleta de tonos frios que utiliza son al parecer marca de la casa.

Estas escenas como en los cuentos de "Las Mil y Una Noches" nos las va presentando una voz en "off" femenina que cual Sherezade quiere entretenernos, cautivarnos para que el relato no acabe nunca que como el metraje dura sólo 76 minutos lo consigue. No sé si Andersson conoce la máxima atribuida tradicionalmente a nuestro muy ilustre Gracián aquello de que "lo bueno si breve dos veces bueno" pero pareciera.

Así por ejemplo a la escena en la que un marido agrede a su esposa en pleno mercado sigue otra en la que entramos en el búnker de Hítler en el punto álgido de su derrota. Vemos pues una mirada a los horrores de la historia desde un presente doméstico, cotidiano y sólo aparentemente en paz. Da la impresión de que Andersson aprecia más a sus personajes o bueno personajillos por sus defectos que por sus méritos.

Microrrelatos pues o mejor aún minimalistas viñetas que mezclan a un tiempo el humor y el desamparo de unos seres de rostros pálidos y cuerpos desganados,cdesgarbados como agotados.cUn mosaico existencialista expresado con escenas cotidianas o históricas bajo esa luz plomiza,nórdica, que lo envuelve todo y que le da un caracter hipnótico, originalísimo, muy a contracorriente y más dificil aún intentar clasificarlo genéricamente.

Esa exploración quietista, estática, minimalista de los comportamientos humanos en muy diversas y variadas situaciones a cámara fija siempre alejada de los intérpretes, nos acerca la puesta en escena junto a los rostros-máscaras al teatro como muy bien ha señalado Elsa Fernández-Santos, digna heredera de su padre, con el que tantas generaciones aprendimos a ver cine. Elsa con gran sutileza señala también como el director sueco desafine quizás en algún guiño histórico (el ejercito alemán definitivamente derrotado camino de los campos de prisioneros de Siberia o la escena del búnker ya mencionda) no sé pero algo tan imperceptible que a muchos se nos ha escapado.

Lo que sí es evidente y el autor lo confirma es la influencia del arte pictórico en su personalísimo y original cine. Una de las imágenes más bellas de la película es la de la pareja que flota en el aire impulsados por el amor como en los cuadros de Chagall y maravillosamente rodada pero esas bellísimas imágenes enseguida nos damos cuenta de que están sobrevolando una davastada ciudad bombardeada en la Segunda Guerra Mundial, Colonia, al fondo su catedral con sus torres góticas aún en pie y el Rhin cruzándola como testigos mudos de la derrota: una vez más belleza y crueldad se aúnan.

Pero hay más la escena o "tableau" del "filicidio por honor". El propio autor ha explicado que está inspirada en un cuadro del pintor ruso Iliá Repin titulado "Iván el Terrible y su hijo el 16 de Noviembre de 1581" pues no quería señalar a nadie en concreto aunque bien sabemos todos dónde se producen y quienes perpetran aún esas salvajadas de modo que es un hecho histórico pero al mismo tiempo actualísimo en según que sociedades.

Igual ocurre en la escena de la subida al Calvario de un hombre cualquiera cargando su cruz y flagelado por otros hombres culesquiera en una calle cualquiera que enseguida nos remite a los cuadros del genial Brueguel el Viejo.O las tres alegres jovenes bailando a la puerta de un café rural que nos evocan de inmediato el tema de "Las Tres Gracias" tan recurrente en la pintura y la escultura de todos los tiempos.

Y son muchas más las viñetas que nos traen a la memoria los cuadros del silencioso Eduard Hopper porque en un momento como el actual de cháchara inane, banal y hueca esta película nos pone en evidencia la gran sabiduría del silencio aunque sea hablada.

Si los totalitarismos, los fanatismos varios sabemos de sobra que finalmente atentan contra la vida son por contra la educación, la belleza, la poesia, la cultura en suma, incluido el cine, los que están a favor de la vida.

Andersson con un trasfondo filosófico ya hemos dicho de corte existencialista nos va mostrando en estas escenas cotidianas una pasarela en la que podemos ver siempre con un toque de humor desfilando a la vida y la muerte, la juventud y la vejez,la soledad, la humillación, el poder, la iglesia, el amor, el deterioro del cuerpo, etc. Como ha señalado con acierto algún crítico se nos muestra a "la raza humana como un lugar extrañamente acogedor y al mismo tiempo desoladoramente inhóspito".

La verdad es que con aparentemente tan poco no se nos puede contar más. De hecho LA VIDA MISMA.

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