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Tabú (2012) 19/02/2013
Una crítica de Aurea García Fernández

Año: 2012   Guión: Miguel Gomes, Mariana Ricardo   Fotografía: Rui Poças   Título original: Tabú
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

F.W. Murnau

Manoel de Oliveira

Referencias externas películas: The artist, Blancanieves


No tenemos muchas oportunidades por aquí de tropezarnos con cine portugués de modo que al ver en la cartelera esta película del lisboeta Miguel Gomes (1972) sentí curiosidad por saber lo que hacen los cineastas lusitanos más allá del gran maestro Manoel de Oliveira. Me encontré con una película casi muda rodada en 16 y 35 mm en blanco y negro como la francesa The Artist o la española Blancanieves y me pregunté de qué sería síntoma este retorno al bicolorismo y al silencio. Ya darán respuesta los teóricos del cine, supongo.




Las críticas que he leído no han podido ser más dispares desde la diatriba del siempre controvertido Boyero que la califica de "estafa manierista y pseudolírica" y de "onanismo para farsantes" (¡qué fuerte!) al "magistral" o "tan grande como el Tabú del maestro Murnau en la que se inspira" de otros críticos. En fin, vayamos por partes. El director tiene dicho que "cada película solamente existe en la experiencia individual de quien la está viendo", es decir, que no hay posible objetividad en lo que al arte se refiere según Gomes que es un teórico del cine y buen conocedor de los lenguajes cinematográficos. Y aquí estamos nosotros los espectadores movidos por esa irrefrenable necesidad que tenemos los seres humanos desde la más tierna infancia de que nos cuenten historias dispuestos a ver lo que sea.

Las intenciones de Gomes quedan muy claras desde el primer momento cuando en 16mm, muda y en blanco y negro se nos cuenta a modo de prólogo la tristísima historia de un explorador luso deambulando desolado (maravilloso el actor) por las selvas africanas con sus porteadores nativos como "coro" de sus aflicciones. Me encantó el punto de ironía sutil que se desprende de este metraje que al parecer está viendo en un solitario cine lisboeta una de las protagonistas de la película propiamente dicha, más concretamente de la primera parte a la que el director titula Paraíso Perdido invirtiendo el orden del Tabú de Murnau. Bueno, o por lo menos yo lo entendí así.

En este breve prólogo irónico, melancólico, muy a la portuguesa aparece algo a lo que hay que prestar atención: un totémico animal necesario en toda fábula que se precie que aquí como estamos en la selva africana va a ser un cocodrilo, leitmotiv de la segunda parte que invirtiendo el orden de Murnau ya digo se llama "Paraíso". Porque la primera parte de la película nos narra el "Paraíso Perdido" de unos ancianos bajo la lluvia incesante de Lisboa y con diálogos. Esta parte te interesa, te crea expectativas con esa apariencia realista (no estoy segura de que sea el término adecuado) de lo cotidiano: una anciana ludópata, su criada caboverdiana, la vecina generosa, el artista fracasado amigo de esta, la hija de la primera que trabaja en Canadá y paga las cuentas, bien, a ver qué pasa...La atmósfera que envuelve el cuadro aparte de lluviosa está impregnada de ese vacio existencial tan generalizado como asumido por todos y bien aderezadito de mentiras y medias verdades. Magnífico el primer plano con fondo de tragaperras de la anciana ludópata soltando un discurso exculpatorio completamente surrealista que es como ya se ha señalado todo un hallazgo.

Pues bien, después de mostrarnos ese "Paraíso Perdido" lisboeta, el director nos traslada al África Colonial donde se desarrolla la segunda parte o "Paraíso" y es aquí donde el señor Gomes empieza a perderse y a aburrirnos un poquito con tanto metalenguaje fílmico e icónico por aquí y por allá. Eso, y a mi juicio de ignorante, el innecesario alargamiento de esa historia archimanida del adulterio con tintes que a veces roza el melodrama pero no, a veces la sutil ironía lusitana pero tampoco. Lo que en realidad roza peligrosamente es el tedio del espectador. Para dar variedad a la cosa se trata a vuela pluma el tema del colonialismo, la guerra y hasta la música "ye-yé" que de todo hay en el film pero sin calar en nada de verdad. Curiosamente esta segunda parte novelesca, supuestamente aventurera, exótica, resulta mucho más convencional y pelín soporífera que la primera.

Quiero decir que este ejercicio intelectual metafílmico que nos propone Gomes acaba resultando un poquito cargante cosa que no ocurre por ejemplo en Blancanieves si bien la película merece ser vista porque no es en absoluto un simple "remake". Gomes tiene un universo fílmico muy personal, otra cosa es que se pierda un poco en ese laberinto "meta-meta" que acaba agobiando un tanto al espectador.

Lo que sí es la película más allá de sus vericuetos metafílmicos, icónicos, conceptuales, etcétera es tremendamente lusitana en el sentido positivo y no me preguntéis el "porqué" porque no sabría explicarlo.

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